El fútbol se jodió. Es increíble, pero logró el absurdo impensado: acabó con la evidencia. Ya no basta con ver una jugada diez veces, desde cinco ángulos de cámaras distintos y en velocidad lenta. Tampoco alcanza con congelar la imagen, ampliar cuadros o recurrir a los expertos arbitrales…
Ahora, una misma acción, una misma jugada, puede ser falta y no serlo, ser roja y no roja, ser penalti o nada… Al final, todos encontramos un argumento reglamentario para sostener cualquier cosa. Absolutamente cualquiera. ¡Y todos tenemos razones en las normas!
LEA TAMBIÉN
Llevo meses –¡años!– sosteniendo que el fútbol se pita según marrano y momento. Y día tras día eso se reconfirma. El problema no es un árbitro malo o equivocado. El problema es un sistema diseñado para que cualquier decisión, así sean opuestas, tenga defensa jurídica y así, después, se pueda justificar que no existe equivocación o error.
El primer caso: la expulsión de Angulo
Andrés Rojas Foto:AFP
Según el marrano, el minuto, el tamaño y volumen de la barra brava en la tribuna, las redes y en la prensa dizque seria, una misma jugada puede ser roja criminal o entrada heroica al balón. Y lo peor es que el reglamento permite justificar ambas lecturas.
Entonces, Andrés Rojas expulsa a Ánderson Angulo. El defensor del Tolima barre limpio, toca primero el balón y después, por pura inercia, roza el talón de Rengifo, de Nacional. Y así, unos interpretan que la expulsión por segunda amarilla fue “correcta” porque hubo “temeridad”, “imprudencia” y hasta “contacto residual”. ¡Contacto residual, válgame Dios!
Los otros, como yo, sostenemos que Angulo quitó la pelota limpiamente y que expulsarlo fue meterle la mano al partido. ¿Y saben qué es lo absurdo de esto? ¡Todos tenemos la razón! ¡Todos! Si Rojas no expulsaba, acertaba. Como expulsó, también “acertó”. ¡Qué belleza de hermosura! El fútbol comprobó el gato de Schrödinger: la roja existe y no existe al mismo tiempo. ¡El fútbol es cuántico, joder!
Después, con la expulsión de ‘Chicho’ Arango, Rojas compensó: esa vieja trampa del juez que equilibra pecados.
Segundo caso: la mano en El Campín
Wílmar Roldán Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
El absurdo sigue. Apareció otra obra maestra del relativismo arbitral. Minuto 90 + 6 en Bogotá. Otra mano de Jhomier Guerrero dentro del área, pero Wilmar Roldán se traga el pito y mete las patas. Para unos, como yo, penalti clarísimo porque el brazo amplía volumen y está en posición antinatural. Para otros: movimiento lógico, caída inevitable, imposibilidad humana de amputarse el brazo. ¿Conclusión? Ambas posturas caben perfectamente en el reglamento. Pero dar dos penaltis de VAR en el final del juego contra el mismo equipo, pues… ¿huuumm?
Lo peor es que el fútbol está atrapado en esto. Hoy nadie habla del interesante, pero inefectivo juego colectivo del Tolima, ni del pragmatismo demoledor de Nacional en los córners, ni del Junior serio, compacto, que revivió la marca personal y el stoper, y que atacó justo y con peligro, ni del milagro de Santa Fe que encontró un penalti de VAR justo, correcto, cuando era incapaz de fabricar una sola opción de gol.
Santa Fe vs. Junior Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
En el fútbol de hoy todo es y nada es. Y mientras siga existiendo un reglamento que justifique simultáneamente dos decisiones contrarias, seguiremos condenados a que piten según marrano…
Meluk le cuenta
Gabriel Meluk
Editor de Deportes
@MelukLeCuenta
Más noticias de Deportes
Fonte do Artigo
See more: https://theglobaltrack.com/
https://corinthiames.com.br/

